El arte no se mira, se siente
Daroca Rizzo
Pintura contemporánea desde la luz mediterránea
Soy Daroca Rizzo, pintor y artista visual afincado entre Altea y Calpe, en plena Costa Blanca.
Aunque mis estudios no tuvieron relación con el arte, crecer entre lienzos y pigmentos marcó para siempre mi manera de mirar. En casa, el arte no se aprendía: se respiraba.
Mi padre, José Daroca (1932–2013), también pintor, me transmitió el respeto por el trabajo silencioso, por la materia y por la luz. Desde niño compartí con él el estudio, los pinceles y las conversaciones que aún hoy me acompañan cada vez que empiezo un cuadro.
Con el tiempo comprendí que no podía escapar de esa herencia, porque pintar no era una elección, sino una necesidad.

No pinto lo que veo, pinto lo que siento.
Daroca Rizzo
Durante años trabajé en la administración pública, con una formación totalmente ajena al arte. Pero llegó un momento en el que entendí que no podía escapar de esa herencia, porque pintar no era una afición, sino una necesidad.
Dejé mi trabajo estable y comencé un camino nuevo, dedicado por completo a la pintura. Desde entonces, mi vida se mueve entre el color, la textura y la búsqueda de equilibrio entre lo que se ve y lo que se siente.
Mi trayectoria: de los rastros al estudio
Mis primeros pasos fueron en los rastros y ferias de arte de la Costa Blanca, desde Jávea hasta Benidorm.
Allí vendía mis obras directamente a quienes se detenían a mirar, sin intermediarios, sin discursos.
Esos años me enseñaron lo que ningún aula puede enseñar: la relación directa entre el arte y la gente, la emoción sin filtros, la reacción sincera ante una obra.
En 1997, junto a mi mujer, abrimos una pequeña galería en la calle Málaga de Calpe, con servicio de enmarcación de cuadros, que más tarde evolucionó en el taller Pepe Davent en el Casco Antiguo de Calpe.
Ese espacio, en el corazón de Calpe, es hoy mi punto de encuentro entre el arte y el oficio, donde conviven la creación, la madera, los marcos y el diálogo con otros artistas y coleccionistas.
Pintar sin pedir permiso
No participo en concursos ni busco premios.
He sido jurado en algunos, y sé lo difícil que es juzgar algo tan íntimo como la creación.
Pinto lo que me conmueve, lo que me exige la mirada y el momento.
Mi pintura se mueve entre lo expresionista y lo abstracto, con materiales que dan vida a la superficie: pigmentos, veladuras, pan de oro, transparencias…
Me interesa lo que el color puede decir cuando el lenguaje no alcanza.
Cada cuadro nace de la intuición y de la necesidad de contar algo sin palabras.
Pinto para quedarme en silencio
daroca Rizzo
Pintar atmósferas: la emoción del instante capturado en color
En esta evolución también ha surgido un elemento distintivo: la incorporación de pan de oro y pan de plata en mis composiciones. Me atrae su cualidad de luz suspendida, su capacidad para crear atmósferas etéreas o sagradas, para sugerir el paso del tiempo o lo eterno. Estos materiales, lejos de ser ornamento, se integran en la obra como parte del lenguaje plástico, creando contrastes, reflejos y texturas únicas.
Entre Altea y Calpe: el taller y la luz
Trabajo entre mis estudios de Altea, cuna de inspiración mediterránea, y Calpe, donde se encuentra el taller de enmarcación Pepe Davent.
Allí conviven la pintura y la madera, los marcos y las ideas. Ese entorno me permite seguir aprendiendo, colaborar con otros artistas y mantener una conexión directa con quienes aprecian el arte en su forma más cercana.
En el taller, cada obra cobra vida rodeada de luz, herramientas y conversaciones.
No hay distancia entre el arte y el trabajo manual: todo forma parte del mismo proceso creativo.